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Faustino García-Roel Rodríguez

Ceceda 05 de Mayo de 1821 - Madrid 20 de Diciembre de 1895

Tanto su nacimiento como su muerte ocurrieron en lugares casuales. Sus padres se encontraban de viaje en dirección a Oviedo (su padre era cirujano militar) y en el pueblo de Ceceda (Nava) tuvo lugar su alumbramiento. La muerte le sorprendió en Madrid, camino de Alicante, donde pasaba los inviernos debido a su delicada salud.

Licenciado en filosofía por la universidad de Oviedo, se trasladó a Madrid para cursar la carrera de medicina, ejerciendo profesionalmente sus primeros años en la capital, hasta que se trasladó definitivamente a Oviedo y pronto adquirió un gran prestigio.

Médico de la Beneficencia Provincial por oposición, alcanzó el rango de Decano e Inspector Facultativo. Fue miembro de las Juntas Local y Provincial de Sanidad, médico militar de Baños y Prisiones y participó en la fundación de entidades culturales como el Casino, bancarias como el Banco de Oviedo e industriales como la Fábrica de Gas.

Sumado a esta enorme actividad, su faceta más destacada y prestigiosa fue la de investigador en temas médicos, tema sobre el que publicó numerosos trabajos, obteniendo el premio Rubio otorgado por la Real Academia de Medicina con su trabajo “Etiología de la pelagra”, una enfermedad endémica con mucha incidencia en Asturias.

Perteneció a las Academias de Medicina de Madrid, Barcelona y Valencia. A las Sociedades de Higiene española, francesa e italiana y a la de Ciencias Médicas de Lisboa.

Su residencia en Oviedo era un palacete situado entre las calles Santa Susana y Pérez de la Sala, que hoy día son terrenos del Instituto Alfonso II, y se conocía con el nombre de “Quinta Roel”. En la epidemia de cólera en el año 1885 contrajo la enfermedad y su salud quedó afectada hasta su muerte.

Su fortuna fue distribuida según su última voluntad entre numerosas sociedades culturales y benéficas, reservando la enorme suma de 260.000 pesetas para su pueblo natal, con destino al abastecimiento de aguas, el alcantarillado y el fomento de las escuelas, salud e higiene de los niños. En la plaza de la iglesia le han erigido un notable monumento, obra del escultor ovetense Arturo Sordo Álvarez.

Falleció en Madrid, el 20 de Diciembre de 1895 y su cadáver fue trasladado a Oviedo, donde hoy reposa en este panteón encargado por él mismo con motivo de la muerte de su esposa, Emilia Couder en 1884. Destacan los medallones de mármol con los perfiles en relieve de los esposos mirándose, inspirados en la tradición renacentista.

Silvia Blanco y Luis Cué