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Primer enterramiento en el cementerio nuevo de San Julián

29 de agosto de 2016

El cementerio antiguo de la parroquia de San Julián estaba situado a la orilla derecha del río Rosuaria (hoy embovedado) a su paso por San Julián —en el lugar conocido como La Pamplina, donde se ubica la barriá vieya, construida en los años cincuenta del siglo pasado—. La Pamplina era un lugar abandonado, delimitado entre el río y la presa del molín de Alfredín, donde se veían las lápidas derruidas, el osario cargado de maleza y hierbajos, además de numerosas tumbas destartaladas tiradas por el suelo. También había cruces antiguas, de madera y de metal, abandonadas por doquier con diferentes inscripciones.

 

El actual cementerio de la parroquia, enclavado en el paraje de La Segá, en la falda del monte de L’Azorea, fue inaugurado corriendo el año 1913 —hace ahora un siglo—. Un cementerio moderno alejado de la iglesia y situado en un lugar ventilado, sano y con vistas. De estructura cuadrada sobresalía por encima de todo una magnifica verja de hierro negra —y que aún podemos observar con la inscripción 1913, semejante a la existente en la capilla de Ntra. Sra. del Camino de Martimporra— que daba acceso al mismo.

 

En los corrillos de la aldea flotaba una pregunta en el ambiente: ¿Quién sería el primero? La mayoría apuntaba a los parroquianos más longevos, otros se decantaban por los más débiles o enfermos, algún desgraciado minero víctima de algún accidente, y hasta decían que podía ser un recién nacido, debido a la gran mortalidad infantil de la época.

 

Con todo esto, las primeras campanadas que tocaron a muerto fueron para una criatura inocente que aún no había cumplido el primer año de vida. Adelina, que así nombraban a la criatura, era la hija primogénita del matrimonio formado por Rogelio Montes, al parecer natural de Pedréu, y vecino de San Julián, y Mercedes Rodríguez, de San Julián. Los hermanos de Adelina, todos varones, se llamaban: Rufino, Ricardo (murió joven, en 1920), Germán (regentó un chigre durante muchos años) y Ramón (quien se casaría con Albina Ovín).

 

Comentan hoy sus parientes que estando los padres de Adelina a la hierba en ese fatídico mes de julio en un prado de La Brañuca, cerca de El Perezal, todos presentían que sería Mariantona la infortunada, la mujer más vieja de la aldea, y que por aquella fechas venía sufriendo repetidos achaques, pero la sorpresa la encontrarían en su propia casa a la vuelta de la faena.

 

Texto: blog Bimenalia

 

Fotos: Lucía Montes

 

 

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